Acerca de la borrachera digital

Texto: Héctor Montes de Oca



Es evidente que en la actualidad muchos procesos fotográficos ya no se podrían realizar sin sistemas informáticos. Su importancia se ha convertido en fundamental y ha ganado con creces su puesto dentro del mundo de la fotografía.

En reuniones de fotógrafos profesionales, cuando se habla de tendencias futuras y actuales, el tema de la imagen digital resulta preponderante y a veces hasta único. Tal parece que ya no importa qué fotos se hacen sino cómo se hacen, con cuál cámara digital y cómo se elabora en la pantalla de la computadora, su resolución, formatos, así como su programa de manipulación y plataforma de impresión.

Hay cada vez más y mayores eventos sobre fotografía digital, cursos abarrotados de jóvenes entusiastas y la publicidad tiende a ahogarnos. Las empresas insisten en hacernos creer que la imagen digital sustituirá de manera contundente e inevitable a la fotografía tradicional o analógica.






Es que, como diría Manuel López, escritor de la revista española Foto, se ha desatado una borrachera digital y debemos cuidarnos de su resaca. Él compara al fotógrafo actual con un escritor que se encuentra en una situación en que sus colegas hablan únicamente de los gigabytes de sus computadoras, sus programas de corrección de estilo y ortografía y no de las temáticas o estilos de sus publicaciones.

Sería muy importante detenerse a pensar en el bombardeo existente que llega a nuestras manos, oídos y ojos por todos los medios de promoción mientras analizamos las mejores opciones en nuestra situación particular.

Casi nos sentimos fuera del ámbito fotográfico por no tener todo el equipo digital que se nos presenta; los publicistas pretenden hacernos pensar que éste es indispensable hasta el punto de cuestionarnos ¿cómo hemos podido sobrevivir los últimos 160 años sin esta tecnología?, siendo que en realidad lo que determina mejor la utilización o venta del producto fotográfico es una idea, un concepto, un servicio profesional.

Casi pareciera como si el valor de la foto fuese cuestión tan solo de equipo o bien de nuestra capacidad de presumirlo al cliente aunque no lo conozcamos, ni lo tengamos bien calibrado.

He leído muchas páginas que tratan de convencerme de cambiar a lo digital y todas las opciones parecen muy atractivas hasta que me entero de los precios de los equipos profesionales. Dicha inversión, además, no sería sólo económica pues para muchos prácticamente resulta partir de cero en el aprendizaje y olvidarnos de casi todo el equipo con el que hemos trabajado hasta ahora.

Es un hecho contundente de que ha llegado la imagen digital. Bienvenida sea. Indudablemente tendremos que cambiar pero recomiendo que ello sea con pleno conocimiento del equipo más adecuado; que éste, a su vez, tenga soporte técnico y de servicio por una empresa especializada con precios accesibles pues el impacto económico de la inversión hay que evaluarlo en el trabajo no en el bolsillo. Los fotógrafos no queremos, tampoco debemos, ni podemos oponernos al avance tecnológico; es una viejo aliado que se debe procurar, ocupar y adaptar conforme a los intereses de cada quien.

Una alternativa a seguir puede ser un cambio paulatino que implique el conocimiento y el involucramiento con los sistemas que estamos comenzando a trabajar mientras que, paralelamente y de acuerdo a nuestras posibilidades, se vayan haciendo con cautela nuevas inversiones. En este sentido, cabría recordar que mes con mes hay cambios y actualizaciones, muchas veces sustanciales.

Considero que actualmente lo más viable es ocupar un sistema híbrido en el que una vez tomada la fotografía con nuestro equipo tradicional, se escanee el negativo en la mejor resolución posible y proyectar finalmente en plataforma digital LED o cualquier otra plataforma que terminará siendo cada vez más barata, con mejores terminados, mayor rapidez y calidad constante principalmente en color.
Aún así, las limitaciones de la fotografía digital en relación con algunas áreas de la analógica son notorias.

Cuando hablamos del color y su calibración en sistemas digitales, por ejemplo, existe algo que los especialistas llaman el “paso de la muerte en color”. Es decir, lo que se ve en pantalla no siempre corresponde a lo que se imprime pues resulta imposible que todas las computadoras y monitores con que se trabaja la imagen estén de entrada bien calibrados con las impresoras.

Al “ojímetro” no se puede calibrar. Hay que decir que los excesos de muchas de las publicidades de fotografía digital son notables. Un fotógrafo formado puede establecer claramente que las características de su equipo tienen más o menor importancia en función de las necesidades del trabajo, no al revés. Sin duda creo que pronto, como dice el slogan, todo lo haremos en digital. Sin embargo, creo que lo más importante en la fotografía seguirá siendo lo que esta detrás de la cámara o sea usted.

Las pruebas que hice en blanco y negro no resultaron lo que yo esperaba pues aquí es donde más se nota la deficiencia y sigue estando muy lejos de lo que es una impresión fotográfica especializada como es la Fine Print, de la cual yo imparto cursos y conozco bien.

Considero que el único y verdadero asunto de fondo aquí es saber en qué punto de todo este proceso se va perdiendo la mirada conceptual del fotógrafo por ocuparse del mundo virtual de las cámaras y plataformas digitales olvidando o bien ignorando que la esencia de la fotografía está detrás de la cámara.

Por ello es que niños con equipo sencillo, por ejemplo, pueden lograr resultados notables en su concepción. Con cámaras estenopeicas, entendiendo algunas de las cualidades de la luz y los materiales sensibles, hasta divirtiéndose mucho, los resultados óptimos son palpables.

En este sentido, la realidad sigue siendo contundente: la fotografía digital no alcanza todavía una independencia absoluta de muchos de los principios aportados por la fotografía analógica.






Los concursos de fotografía digital, con sus magníficos regalos, me parecen en general como ejercicios de aprendizaje y virtuosismo en el manejo de los programas para crear imágenes, pero falta el conocimiento profundo y conceptual de la imagen que nos llevaría no solo a la obtención de buenos técnicos con imágenes notables sino también a la formación de artistas. Dicho de otra manera, todavía les falta el corazón.

Hace poco recuperé de mi archivo una recopilación de fotografías publicadas en la desaparecida revista norteamericana Time Life. Ello me llevó a reflexionar sobre un tiempo donde la imagen fotográfica era percibida y disfrutada por sí misma y no tanto por sus atributos técnicos. Me agradan estas recopilaciones de imágenes en libros donde se me invita a relacionarme más con las situaciones que se muestran en ellas; por ello, tengo ciertas reservas con las publicaciones donde el espacio dedicado a las fichas técnicas supera al de las imágenes.

Creo que una parte importante de la función de una imagen deriva de su relación con el público. Asistimos a una época donde muchas imágenes se hacen con criterios demasiado simplistas en su composición pero muy complejos en cuanto a su realización técnica. El esfuerzo resulta, a mi entender, básicamente inútil. Algunas creaciones de lo que se llama fotografía digital están hechas con estética de pintura fantástica o quizá debería decir de cómic. Si la gran mayoría de los autores de comics tienen conocimientos, a veces muy desarrollados, de composición, perspectiva y teoría del color, ¿por qué no hemos de pedírselo también a un creador digital, por llamarlo de una manera cómoda?

El fotógrafo es un ente visual y se forma viendo lo mismo que construyendo sus imágenes. La fotografía forma parte de las artes plásticas. El artista se determina por el dominio de su oficio pero también de su capacidad expresiva y definición conceptual. Incluso cuando no se pretende hacer arte como en la fotografía publicitaria, de registro o bien de identificación, hay una concepción de la utilidad y sentido de la imagen; la gran mayoría de los “creadores digitales” ignoran todavía esta fase de su proceso creativo.

Como artista ya formado reconozco que mucho de mis opciones creativas surgen de la educación que he proporcionado a mi visión. Los creadores digitales que aspiren al arte o bien a las distintas ramas de la comunicación deben pasar por el mismo proceso.

No es fácil, pero el acercarse a gente experimentada, escuelas, grupos de profesionales, libros, etc., resultan una ayuda muy útil. Ineludiblemente, la imagen digital ya ha ganado su espacio en el mercado pero el universo de sus posibilidades expresivas apenas se está explorando. Ya hay resultados interesantes, espero que pronto podamos ver los suyos. Buena suerte.