El Carnaval de Venecia: la exposición

Texto: Maria Pazco Racio





Esta compuesta por 35 dípticos que contienen cada uno dos fotografías de formato postal montadas de manera tal que se pierde en ocasiones el tamaño y presentación rectangular común de una fotografía: de los rectángulos comunes pasamos a triángulos invertidos, rombos cuadrados o pentágonos de diversos tamaños que evitan cualquier monotonía en la presentación y proporcionan un apoyo importante al concepto del autor en cuanto a composición fotográfica.

Las fotografías están hechas con película infrarroja, la cual tiene una sensibilidad variable con tonalidades casi mágicas, granulosidad perceptible y con una apariencia muy agradable a la vista, fotos tomadas con temperaturas provenientes de las diversas intenciones de la luz captadas por la cámara que son traducidas en un fino registro de gamas entre blanco y negro.

Una vez obtenida la imagen en blanco y negro, están delicadamente coloreada con técnicas de miniaturistas, percibiendo los registros tonales de luz características únicas de la película infrarroja. La técnica con la que fue realizada la exposición esta casi en desuso por su gran minuciosidad y gran trabajo pues pasan a ser piezas únicas, lo cual da características distintivas a la exposición.

La temática gira en torno del carnaval que ocurre cada año entre los últimos días de febrero y los primeros días de marzo. Por ello, resalta los elementos icónicos característicos del carnaval que han venido siendo utilizados en los últimos siglos por pintores y fotógrafos: las dogarescas,las mascaras, el impacto visual del disfraz confundido con la desihibición de los disfrazados, el encanto del paisaje urbano veneciano con sus palacios,puentes,callejuelas,reflejos acuáticos, sombras y luces resaltadas por los ornamentos de los edificios y, por supuesto,el gran canal, la plaza y la Basílica de San Marcos.



Más allá de la mirada del turista impertinente y el publicista atrapado en los estereotipos, el autor reinterpreta el paisaje del carnaval veneciano con una mirada incisiva, admirada y casi irreverente, redefine las cúpulas de la Basílica de San Marcos, inventa nubes para acompañar un palacio, crea un fantasma de una dogoresca con porte y mirada sutiles y la ilumina como un reflector para obligar al espectador a notarla siempre, homenajea la gallardía del enmascarado de capa negra y flor roja y descubre tonos anaranjados en las paredes grises contrastándolos con reflejos acuáticos, la niebla contribuye a la belleza de la plaza de San Marcos más que entorpecerla; en suma reelabora los elementos icónicos del carnaval a partir de una conceptualización muy personal del mismo.