Cuando la poesía se tropieza con la fotografía: sobre las imágenes de Carlos Manuel Cruz Meza

Texto: Héctor Montes de Oca



Como ya he dicho en varios de mis artículos, la parte más importante de la cámara se encuentra precisamente detrás de ella, especialmente si el fotógrafo tiene una idea clara de lo que quiere decir.

Todavía resulta más interesante cuando el fotógrafo llega a nuestro ámbito por circunstancias fortuitas. Tal es el caso de Carlos Manuel Cruz Meza, poeta y literato que ha desarrollado la fotografía como un medio alterno de expresión. Tan intimistas como su poesía, tan amenas como su narrativa, las imágenes de Carlos Manuel nos insisten en que miremos dentro de ellas como si fueran versos.






Cruz Meza desarrolla la intimidad como parte de su discurso fotográfico; de hecho se puede decir que fotografía como escribe. Elabora temas y nos los presenta, aunque algunos parezcan no tener desenlace.

Por ejemplo, la serie Gatos traza una narrativa: se muestran percepciones muy personales sobre el mundo gatuno. Las fotografías mantienen en ese sentido una gran calidad y fuerza expresiva a partir de encuadres sugerentes y manejo de intensidades de luz, más que por definición de imagen y control técnico. En las tomas desenfocadas de algunos de ellos, se alude a la naturaleza fugaz e inasible del felino. El resultado hace que las imágenes funcionen en una estructura narrativa, independientemente de sus cualidades técnicas.

Cruz Meza dice que él no es fotógrafo y realmente fotografía sin pensarlo tanto. Sin embargo, lo interesante de este intuitivo ejercicio de mirada fotográfica es su búsqueda de una narrativa.

Parece ser que su cámara es una de tantas máquinas de bolsillo que se adquieren en cualquier lado; lo que no se adquiere en cualquier lado es la capacidad de ver, de atreverse a tener una perspectiva sobre lo que nos rodea.

Otro ejemplo de ello son sus Retratos, los cuales también desbordan intimidad, si se me permite decirlo así. Dichos retratos reflejan personas sin temor del rigor técnico. De nuevo, a partir de la sola percepción de la luz y el encuadre hechos relato. La definición, la textura del grano, el manejo del contraste, todo ello se subordina en función de captar la naturalidad, la espontaneidad del momento. Amigos, familiares, amores de antes y actuales, decepciones y gozos que la vida lleva y trae muestran estos retratos tan expresivos.

Esta misma visión privilegiada se aplica también a rincones de nuestras ciudades. Los rincones de Cruz Meza consisten lo mismo en paredes de cantina, pedazos de cielo que acompañan edificios, hilos de orina que deja una mujer alcoholizada, abruptas manchas de pintura que acompañan la decadencia de un perro, muchos perros callejeros, mucha destrucción y mucha muerte también. Lo cual también ha trabajado en su obra escrita: no sólo la muerte, sino la violencia de la muerte. La obra de Cruz Meza me recuerda a la de Juan Rulfo en el sentido de que un autor puede ser congruente en su creación, independientemente del medio que escoja.






¿A dónde nos lleva, como fotógrafos, la obra de Carlos Manuel? ¿Cuánto nos contradice la falta de rigor técnico que tanto nos han insistido en cuidar los maestros? Las imágenes del escritor Cruz Meza no nos contradicen en lo más mínimo, de hecho enriquecen nuestro panorama creativo; nos retan a tener una mirada particular, a poder plasmar una perspectiva particular sobre lo que nos rodea o, más bien dicho, nos permitimos sentir. El descuido técnico nos obliga al siempre central tema de la expresividad con luz plasmada en imagen fotográfica.

Como bien saben los lectores de la revista Fotozoom, mi obra y los temas de mis clases tienen al depurado control técnico como uno de sus ejes rectores, pero la búsqueda expresiva y la utilización de la foto como medio de comunicación también lo son.

Por ello aprecio en la obra de Carlos Manuel Cruz Meza a un artista talentoso, lleno de perspectivas propias sobre la vida y la muerte, sobre la destrucción y la creación de ambas y el cómo nos influyen.

En él la poesía se tropieza, como todo tropiezo decente, de manera algo atropellada con la fotografía, pero con resultados muy interesantes.

En mis recorridos por mis clases me he encontrado también que los hacedores de foto en su mayoría no son profesionales del ramo; por ejemplo, médicos, maestros de matemáticas, laboratoristas, biólogos, ingenieros petroleros, etc.

A estos y otros más les invito a que muestren sus fotografías, que se asesoren si lo creen necesario. En suma, que se expresen y gusten de su trabajo.