Interpretación de la Luz

Entrevista con Héctor Montes de Oca



Le tomó más de un año de trabajo, pero valió la pena. Ahora, el fotógrafo xalapeño Héctor Montes de Oca se muestra satisfecho de que, a raíz de la publicación de un libro de National Geographic icen el que exhibe sus imágenes conjuntamente con las de otros colegas de diversos países del mundo, ha recibido infinidad de críticas positivas. Montes de Oca es uno de los pocos mexicanos que, a base de esfuerzo y trabajo, han logrado colocarse entre los profesionales de la lente tomados en consideración para participar en proyectos internacionales. Catalogado como un fiel exponente de la fotografía en blanco y negro en México, Héctor Montes de Oca trabaja arduamente para mantenerse en el nivel en que se encuentra, siendo la disciplina férrea una constante en su manera de hacer las cosas. Afirma que llegar a cotizarse en una galería de Nueva York, como es su caso actualmente, no es cosa sencilla: “Hay que trabajar en serio, con todo lo que sea posible, para permanecer en esa cotización”. Luego de varias exposiciones montadas sobre el paisaje en blanco y negro, este xalapaño que ha logrado destacar en el extranjero expresa: “Para ser fotógrafo se necesita mucho más que una cámara. La fotografía, aunque parece simple, requiere conocimiento técnico profundo y mucha disciplina. Y para hacer paisaje, primero hay que saber convivir con la naturaleza y aprender a sentir la luz”. A continuación, algunas de sus impresiones acerca de los resultados de esta publicación, considerada por la crítica especializada internacional como una de las mejores ediciones de National Geographic que incluye su trabajo de muchos meses en el Gran Cañón del Colorado, en el noroeste de Arizona, Estados Unidos.


Coméntanos sobre tu experiencia con esta publicación, Héctor.
Acabo de tener una fabulosa experiencia con este libro del Gran Cañón, que se imprimió en Alemania, bajo la edición de Jeff Rosenheim. Por primera vez en mi vida, puedo decir que hay un libro que supera mi fotografía y lo reconozco; la impresión es maravillosa. El formato es de 60 x 30 centímetros, tiene 230 páginas y está considerado como arte-objeto. Es increíble en cuanto a la limpieza y a la textura del papel. Hay una calidad casi como del platino-paladio, que es un proceso fotográfico antiguo en el que se registra hasta la densidad más sutil.

¿Cuándo duró el proceso de elaboración?
Desde que entregué las fotos hasta que se imprimió el libro pasaron más de seis meses. Incluso Jeff Rosenheim me manda desde Alemania los cromalines, para autorizarlos Algo insólito, porque esto generalmente lo revisa el editor del libro y no seto mandan al fotógrafo. Eso habla del respeto y la importancia que les merece el autor.

¿Dónde fue la presentación del libro?, ¿cómo lo recibió el público?
Fue presentado recientemente en la fastuosa galería De Santos Gallery. Esta se halla en Richmond Ayenue, de Houston, Texas. La presentación estuvo a cargo de John cleary y Elsie García Antaza por parte de National Geographic; de gemma Labiada, representante de a Secretaría de Relaciones Exteriores de México, y de Violeta de Crose directora de la Easman Kodak Company Latín American Región. De hecho, esta fue la presentación oficial realizada por National Geographic, ya que a mediados del año pasado tuvo lugar otra, también en 1ouston, durante el festival de la fotografía Fotofest. Cabe mencionar que el día de la presentación se vendieron más de 110 libros, lo que constituye todo un récord, tomando en cuenta que su costo es alto.

¿Cuánto material tomaste para hacer perlas fotos del libro?
Tomé placas 4 x 5, como unas 200; aunque si por mí fuera, habrían tomado solamente 20, porque sé exactamente qué es lo que quiero que salga puando tomo la foto. Y al conocer la técnica profundamente, no tengo sorpresas. Es curioso: la gente espera que tomes mucho. Material, como si tomar poco fuera algo grave. Yo sólo necesito hacer una toma para tener lo que necesito. Claro que hago algunas placas extra por seguridad por si se rayara o se perdiera una toma por accidente—, pero en el caso del libro, habría bastado tomar dos docenas o incluso menos. Todo lo hice en blanco y negro y el material fue financiado por Kodak.

¿Qué te decía la gente de National Geographic?
Yo les parecía más bien un “bicho raro”, principalmente porque me incómoda trabajar en equipo y ellos están muy acostumbrados a hacerlo de ese modo. Lo que me interesaba era la locación. Al hacer las fotografías del invierno en el Gran Cañón, nos trasladábamos hasta lugares remotos a los que solamente se puede llegar en helicóptero, pero con tanta gente allí, me daban ganas de mandarlos a preparar el café o algo así...

¿Cómo fue el proceso de revelado?
Me resulta difícil darles el material a otras personas para que lo revelen, porque como trabajo con el Sistema de Zonas, hay que revelar de manera muy precisa. El trabajo de blanco y negro siempre lo hago yo, aunque el color ya no. Revelar uno mismo confiere a las fotos un mayor estatus de trabajo de autor, ya que uno controla el proceso desde el principio hasta el final.

¿Está en auge el blanco y negro?
Se está dando un gran resurgimiento de la foto en blanco y negro. Mis fotos en blanco y negro se venden actualmente a través de una galería en Nueva York y cada día hay más pedidos.

¿Es difícil imprimir buenas imágenes en blanco y negro?
Es más difícil imprimir blanco y negro que color. Los impresores lo saben. Es un verdadero arte. Las imprentas antes tenían maestros expertos en blanco y negro. Es más, era famosa tal o cual imprenta, porque tenía determinada persona a cargo de la impresión. Para hacer los libros de arte, ya se sabía a que imprenta acudir, por sus expertos en el taller.

¿Y ya no es así?
Lo que sucede es que se ha automatizado mucho el flujo de trabajo, cosa que en principio es buena. Con el color todo va bien mientras el fotógrafo, el diseñador y el impresor tengan todos sus monitores calibrados y ajustados de manera similar, lo que, por cierto, no es tan sencillo. En blanco y negro no ocurre igual. El original -la foto en papel- sigue siendo la única referencia auténtica, y cuando intervienen el escaneo y otras manipulaciones, es fácil que se altere

¿Sabemos apreciar la fotografía en nuestro país?
Me preocupa que en las escuelas ya no quieran impartir educación artística, pues en él futuro los jóvenes devorarán imágenes sin cesar, pero sin reflexionar acerca de ellas. Yo creo que desde pequeños deberíamos ir puliendo y madurando nuestra apreciación visual, pero desgraciadamente se cree que eso no nos va a dar de comer. Con esa actitud tenemos mucho que perder, sobre todo en comparación con Europa. Allá son más vivénciales; normalmente son muy respetuosos hacia el trabajo de un artista y le dan a la fotografía la dimensión de un oficio de respeto. Acá puede llegar algún amigo y decirme: “Oye, qué buena foto, me la voy a llevar”. Eso jamás se atrevió a decírmelo ningún europeo. Es una actitud muy sintomática, que marca una gran diferencia en el valor que le confieren a la fotografía en México y en Europa.

Coméntanos sobre las opciones de impresión que existen ahora.
Cada día se vuelve más difícil tomar una decisión al respecto; en lo personal, cada día me confunden más. La cantidad de herramientas de impresión que hoy están a nuestra disposición es impresionante: el límite es el que tú mismo te pongas. En ese terreno me gusta mucho escuchar opiniones. Yo les hago saber a los impresores mis requerimientos y ellos me sugieren lo que se puede hacer, con todos los pormenores. Para ello debe existir una relación idónea entre el impresor y el fotógrafo.

¿También trabajas lo digital?
Sí, de hecho casi todo mi archivo está digitalizado en alta resolución. Este es un paso muy importante, porque la salida puede ser infinita y más fácil. Me interesan mucho las nuevas tecnologías y sigo aprendiendo. El año pasado tuve una exposición digital en Bellas Artes. Es algo raro, pero de alguna forma te permite manejar la imagen y reinterpretarla. Lo ideal es llegar a la fotografía digital con un amplio bagaje analógico, pues hay que aprender a descubrir los encantos de la luz.

Pero, ¿cómo prefieres trabajar?
Ambas cosas me fascinan, Son complementarias. Como decía Ansel Adams, el gran paisajista: “El negativo es la partitura; la foto en papel es la interpretación”. Tú le puedes dar un mismo negativo a cien fotógrafos, y tendrás cien fotos distintas. Y en ambos casos, la fotografía es un oficio solitario. Aunque estés con mucha gente, siempre acabas estando solo. Y es difícil. Pasar tantas horas o días en soledad, es duro; sobre todo en el laboratorio, donde se generan muchas decciones y conceptos.

¿En el laboratorio recreas la realidad?
Claro, se reinterpreta la toma, allí es donde se modifica todo. Con tantos años en, la fotografía llegas a dominar la técnica, el laboratorio se convierte en una herramienta tan maravillosa como la tecnología digital.

¿Qué puedes decir sobre el trabajo de los diseñadores?
Creo que ellos utilizan las imágenes utilitariamente, y sin ningún miramiento acortan alargan, achican e incluso pueden destruir la imagen... Siento que no les dan el respeto que merecen, aunque quizá mi opinión sea muy romántica... Y en este aspecto no quiero pecar de purista y decir que mis fotos son intocables, pero a los diseñadores les pediría nada más que trataran de escuchar al fotógrafo, y comprendieran bajo qué contexto se creó esa imagen, aunque reconozco que a veces no hay tiempo ni ocasión para ello. A lo mejor es un buen parámetro para trabajar la idea, pero muchas veces la idea del fotógrafo y el diseñador son dos puntos de vista muy diferentes, y está claro que cuando se emplea utilitariamente la fotografía, ¡choca hasta con la tipografía!

¿Cuál es tu experiencia en cuanto a la impresión de fotos en offset?
Por lo general el resultado nada tiene que ver con lo que hice en un principio. Cuando trabajo con impresión fina (en papel fotográfico) cuido hasta el mínimo detalle de densidad, contraste y luminosidad, para lograr un balance cromático-visual. Lo que ocurre con frecuencia es que en la imprenta se modifican estas características con extrema facilidad. Hay muchas razones técnicas por lo que esto, ocurre. El caso es que, por ejemplo, cambiar el contraste aunque sea en grado mínimo provoca que se reinterprete toda la obra. Y a veces he visto impresiones de mi trabajo que me duele apreciar...


Hasta aquí la entrevista con el fotógrafo xalapeño Héctor Montes de Oca, cuyas imágenes de José Luis Cuevas, así como las que tomó en el museo que lleva el nombre del pintor en la capital del país, llegaron hasta China el año pasado junto con la exposición que montó en tan lejanas tierras el reconocido grabador y dibujante mexicano. Actualmente, entre otros proyectos relevantes, el destacado profesional de la lente —quien reparte su tiempo a partes iguales entre Estados Unidos y México— trabaja de manera altruista en la elaboración de un calendario y una serie de póster con los cuales, mediante las imágenes de intelectuales y artistas plásticos de la talla de Sergio Pitol, Emilio Carballido, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska,— Fernando Vallejo, David Antón, Leticia Tarragó y el mismo José Luis Cuevas, entre otras reconocidas figuras del arte y la cultura del Estado y e! país, a quienes retrató acompañados por sus mascotas, se efectuará una campaña para crear conciencia sobre el respeto por la vida animal.