"Ashes and snow", de Gregory Colbert

Texto: Héctor Montes de Oca



Sumergidos en una atmósfera muy especial, los cientos de asistentes al Museo Nómada instalado en el Zócalo de la Ciudad de México guardábamos respetuoso silencio ante el magnífico espectáculo que invadía nuestros sentidos. Junto a mí, en una sala de proyección con paredes de bambú, una señora se cubría la cabeza como si estuviera en una iglesia. Y es que la atmósfera parecía de un lugar donde se medita y uno se encuentra consigo mismo.

El artista canadiense Gregory Colbert logra llevarnos a un viaje dentro de una atmósfera grandiosamente introspectiva e íntima que curiosamente en un principio pensamos que es la suya pero a final de cuentas sabemos que es la nuestra. “Ashes and snow”, “Cenizas y nieve”, es una propuesta multidisciplinaria y multipropósito. Su nombre proviene de la novela homónima donde el personaje principal hace un viaje místico junto a Moctezuma escribiendo 365 cartas.






Esta exposición es una incitación a que reflexionemos nuestra relación con la naturaleza y los animales en un ambiente de paz y tranquilidad tal y como muestra la imagen de un niño junto a grandes elefantes. Lo mismo sucede con mujeres presentadas junto a chitas o una gran águila, o bien el lento viaje en canoa donde se presencia el encuentro entre una mujer con un orangután. Ellos se nos presentan unidos, integrados en su espacio, sin diferencias, parte de un mismo mundo en calma, relacionados en algunos casos por una sensualidad sublime.

Todos estos elementos, animales, humanos y entorno natural, se integran armónicamente."Es como si estuviéramos haciendo música señaló en una entrevista en México el maestro. Es una música honorable y si uno se queda en silencio, sale todo esto, porque que en el momento de hacer el trabajo, entre el hombre y el animal sale algo mágico". El mundo animal es para él como una gran orquesta que ejecuta grandes notas, "aquí, en vez de tener a los músicos, los animales nos dan la pauta, porque son canciones de la lluvia, arena y mar, así como otras historias", aseguró.

Lo interesante son los medios por los cuales realiza este gran logro. Colbert organiza en torno a sus imágenes todo un prodigioso performance arquitectónico. El Museo Nómada, como le llaman a esta gran galería portátil que ahora viaja por el mundo gracias al patrocinio de The Rolex Institute, nos presenta un espectáculo nunca antes visto en México y seguramente pasó algo parecido en Venecia, Nueva York, Tokio y Santa Mónica (California) donde se presentó anteriormente con una afluencia mayor al millón y medio de personas.
“Ashes and snow” no solo presenta una exposición fotográfica, también nos muestra tres presentaciones en video sobre la visión muy particular de Gregory Colbert sobre la relación de la humanidad con la naturaleza.

De hecho nos lleva a un espacio donde su dominio pleno de la técnica, los medios y las intencionalidades como artista son soberbiamente cumplidas en este museo nómada con paredes de bambú de 10 metros de altura y más de 5600 metros cuadrados de superficie. 52 contenedores fueron utilizados tan solo para transportar el bambú desde Colombia así como otros materiales de diversos países, todos reciclables. Simón Vélez es el arquitecto colombiano que lo diseñó.

Con impresiones de gran formato, 2 x 4 metros aproximadamente, en papel especial orgánico con acabados en sepia, “Ashes and snow” nos plantea la relación del ser humano con los animales y los elementos de la naturaleza. Soberbiamente compuestas, estas 53 imágenes provenientes lo mismo de negativos fotográficos que de fotogramas de cine, sorprenden por su asombrosa coherencia narrativa. Asimismo el sorprendente poder cautivador de las tres películas que se presentan simultáneamente en el Museo Nómada.

Estas fotos se me presentan cuando camino a media luz por pasillos rodeados de agua mientras que las imágenes están colgadas sobre el agua sin paredes aparentes. Me detengo frente a ellas y las observo mientras otros cientos de personas caminan a mi lado, me doy cuenta entonces de otra sorpresa que me cautiva: el silencio de los espectadores.

Colbert logra imbuirnos del mundo de paz y tranquilidad que plantea en sus imágenes. Animales y humanos pueden convivir, integrarse en un espacio donde los grandes son los animales pues ellos son los que abren los ojos y miran. La humanidad se redimensiona cuando contacta con estos animales en tal entorno de lenta tranquilidad y exquisita belleza. Sin dejar de lado los avances tecnológicos de la actualidad, este sorprendente autor insiste y reitera que el mensaje coherente, honesto y directo puede llegar a todo tipo de espectador sin necesidad de efectos grandilocuentes y complejos. Ya no es blanco y negro sino sepia porque los tonos ocres se parecen más a los de la tierra. Es el sepia como una base para presentarnos una gama de colores que nos acerque más a la naturaleza.

Es en formato grande pero no para alejarnos de la imagen sino para acercarnos físicamente y dejar que invada nuestros espíritus por medio del camino estrecho donde pasamos cientos de personas. El estrecho espacio que transitamos es un caos inteligentemente diseñado. Es a propósito que estamos obligados a acercarnos a las imágenes. "Son como canciones de cuna, y esas son variaciones como los colores de la tierra y no son eléctricos, porque lo que yo quiero es contar una historia de manera precisa", aseveró el artista en una entrevista reciente. Estas “canciones de cuna” se acompañan por la excelente ambientación musical. Destacan entre sus autores Djivan Gasparyan, Temple of Sound y Michael Brook, entre otros 10 autores igualmente recomendables.

Son 16 años de trabajo personal, en este proyecto en concreto pero en realidad forman parte de una trayectoria de 40 años viajando. Países como la India, Egipto, Birmania, Sri Lanka, Kenya, Etiopía, Namibia, Tonga, Las Azores, La Antártica, Borneo y Ecuador han sido visitados por este artista. De hecho varias de estas imágenes se han ido presentando a lo largo de un par de décadas como es el caso de la sección de os elefantes que ví hace unos 15 años en San Francisco; aunque ahora tenemos la ventaja de encontrarlas evolucionadas y desarrolladas en esta hermosa capilla – museo – galería que vistió el Zócalo capitalino. Ahora en México, este trabajo continúa no sólo presentando esta exposición sino también con trabajo fotográfico.






En una entrevista reciente, me comentó el artista su plan de hacer cinco expediciones para este año explorando la diversidad biológica de nuestro país, lo cual espero no tarde mucho en presentarse aquí. Lo digo especialmente por la excelente y masiva respuesta del público al trabajo de Colbert. Espero también que este evento sirva para que otros proyectos similares de artistas mexicanos que han sido relegados por autoridades mexicanas, públicas y privadas, sean ahora sí apoyadas como se debe. Es un evento que seguramente romperá records de audiencia en nuestro país y redimensionaliza la fotografía como espectáculo y performance.

Por mi parte debo aclarar que, aunque tengo la disciplina personal de apreciar permanentemente los trabajos de otros fotógrafos, difícilmente me tomo ya la molestia de viajar de madrugada y recorrer medio país sólo por una exposición; sin embargo, creo que el esfuerzo valió plenamente. Recomiendo a los aficionados a la fotografía no dejar de pasar esta oportunidad de presenciar tan magnífica exposición. Una entrada a un espectáculo como este cuesta en otra ciudad unos veinte dólares como mínimo, en esta ocasión es gratis y debemos aprovechar la oportunidad. Hoy vemos el nacimiento de nuevo maestro como diría una publicación internacional con respecto a la obra de Gregoy Colbert.

No puedo menos que estar de acuerdo.